I
Busquémosle
que aunque la luz le niegue su brillo
perdura
con los ojos abiertos
cuando el recuerdo
de la ignominia
no cabe entre las muecas de su pueblo.
II
Y bien,
se durmió el pibe.
Se le cayó el ceibo de los labios
y hoy nos cubre la niebla.
El pibe está durmiendo.
¿No sabíamos
que el tiempo de la paz, es breve,
y hay muchos años para la desgracia?
Ay, que dolor el de ese sueño,
ay. cómo nos está doliendo
porque parece una ilusión de los sentidos
su paso entre nosotros.
Y él llevaba un ceibo entre los labios...
Cuando rodó se confundió en el ruido
de esas horas horribles.
Y te pregunto,
Dios, en ese instante
¿pensó en la multitud de sus hermanos
que llevan
ese
Ceibo
entre los labios?
¡Oh Dios! ¿qué fueron, quiénes fueron
los que enviaron a la paloma mensajera...?
III
Se lo vio caminar, cara a las armas
la frente llena de miedo y los zapatos pegoteados de masas encefálicas.
Se lo vio caminar, cara a las armas
y eran armas atómicas
las armas que vinieron desde el Norte
en barcos poderosos.
Se lo vio caminar, mirando al cielo
y acariciar el rifle.
Un rifle como aquél que no hacía mucho le trajeron los Reyes.
Se lo vio caminar, mirando al cielo.
Y el cielo estaba lleno de misiles.
Tibieza tibia. Suavidad del nido,
el recuerdo del líquido amniótico no demasiado lejano,
el regalo que cuando había plata le traían los Reyes.
Y el hermano más chico para quién él era un ídolo.
El hermanito menor, con quien se peleaba todos los días.
Y un general whiskero quiso hacerse el Mesías...
Latitud treinta y cuatro. Esa llamada de larguísima distancia.
/Aquella contraorden, y el tirón increíble.
De la tibieza
y suavidad del nido...
Del regalo de reyes...
y el hermano más chico.
El hermanito menor, con quien se peleaba todos los días.
Se lo vio caminar cara a las armas
la frente siempre llena d emiedo y los zapatos pegoteados de gangrena.
Se lo vio caminar cara a las armas,
y eran soldados profesionales aquellos que llegaron desde el Norte
/en flotas disciplinadas.
Se lo vio caminar buscando el horizonte
y sostener el rifle como le había enseñado el padre
en aquél seis de enero.
Se lo vio caminar buscando el horizonte.
Y el horizonte deslumbraba de alta tecnología.
IV
Y la verdad es que nos parece una ilusión de los sentidos
su paso entre nosotros.
Y el rifle que no hacía mucho le trajeron los Reyes.
Muchacho morochito el muchachito pibe
y un general whiskero que quizo hacerse el héroe.
¡Silencio!
El pibe duerme.
Busquémosle
que aunque la luz le niegue su brillo
perdura
con los ojos abiertos
cuando el recuerdo
de la ignominia
no cabe entre las muecas de su pueblo.
II
Y bien,
se durmió el pibe.
Se le cayó el ceibo de los labios
y hoy nos cubre la niebla.
El pibe está durmiendo.
¿No sabíamos
que el tiempo de la paz, es breve,
y hay muchos años para la desgracia?
Ay, que dolor el de ese sueño,
ay. cómo nos está doliendo
porque parece una ilusión de los sentidos
su paso entre nosotros.
Y él llevaba un ceibo entre los labios...
Cuando rodó se confundió en el ruido
de esas horas horribles.
Y te pregunto,
Dios, en ese instante
¿pensó en la multitud de sus hermanos
que llevan
ese
Ceibo
entre los labios?
¡Oh Dios! ¿qué fueron, quiénes fueron
los que enviaron a la paloma mensajera...?
III
Se lo vio caminar, cara a las armas
la frente llena de miedo y los zapatos pegoteados de masas encefálicas.
Se lo vio caminar, cara a las armas
y eran armas atómicas
las armas que vinieron desde el Norte
en barcos poderosos.
Se lo vio caminar, mirando al cielo
y acariciar el rifle.
Un rifle como aquél que no hacía mucho le trajeron los Reyes.
Se lo vio caminar, mirando al cielo.
Y el cielo estaba lleno de misiles.
Tibieza tibia. Suavidad del nido,
el recuerdo del líquido amniótico no demasiado lejano,
el regalo que cuando había plata le traían los Reyes.
Y el hermano más chico para quién él era un ídolo.
El hermanito menor, con quien se peleaba todos los días.
Y un general whiskero quiso hacerse el Mesías...
Latitud treinta y cuatro. Esa llamada de larguísima distancia.
/Aquella contraorden, y el tirón increíble.
De la tibieza
y suavidad del nido...
Del regalo de reyes...
y el hermano más chico.
El hermanito menor, con quien se peleaba todos los días.
Se lo vio caminar cara a las armas
la frente siempre llena d emiedo y los zapatos pegoteados de gangrena.
Se lo vio caminar cara a las armas,
y eran soldados profesionales aquellos que llegaron desde el Norte
/en flotas disciplinadas.
Se lo vio caminar buscando el horizonte
y sostener el rifle como le había enseñado el padre
en aquél seis de enero.
Se lo vio caminar buscando el horizonte.
Y el horizonte deslumbraba de alta tecnología.
IV
Y la verdad es que nos parece una ilusión de los sentidos
su paso entre nosotros.
Y el rifle que no hacía mucho le trajeron los Reyes.
Muchacho morochito el muchachito pibe
y un general whiskero que quizo hacerse el héroe.
¡Silencio!
El pibe duerme.

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