I
¡Ay que nostalgia a veces, que tristeza
porque fue breve el tiempo que nos fue concedido
en aquella vida suya entre mis vibraciones...
II
Yo te sentí vivir entre mis vibraciones
cuando en la primavera de los días, se hizo nuestro el zumo
del vaso de la vida.
Aliento cálido divino. Y aquél aliento
era rocío entre las espigas.
Y fuiste en mí lo que hace a mi escencia.
El asombro de decir yo también: "Todo está consumado".
Antes alrededor el vacío y el transcurrir estéril de cada día.
Y todo lo colmaste.
Rodrigo.
Asombro.
Dádiva.
El ímpetu de Algo Nuevo sobre las tierras demasiado fertiles.
Rodrigo.
Sal.
y Luz.
yPiedra,
y grano de mostaza.
Rodrigo: Ayer pequeño mío,
hoy, vigía del siglo veintiuno.
III
Vigía de un tiempo que se acerca y guardián de una verdad,
/la tuya, te contemplo.
los labios siempre coloreados de palabras y los zapatos juguetones
/de prisa
Rodrigo, el de las manos ansiosas,
tus manos extendidas doloridas en su afán
de aprisionar al mundo, que es tuyo.
Y en nombre de esa verdad sólo te pido que no digas nunca:
"Yo no soy responsable de la sangre de este justo".
Rodrigo.
Asombro.
Dádiva.
Plenitud de cada día y esperanza segura de vida perenne a través
/de tu impulso
Rodrigo
Sal,
y Luz
y Piedra,
y grano de mostaza.
Piedra, guijarro en el sendero y cúspide en la cordillera
y también hambre y sed de justicia entre tus manos jóvenes.
Y Dios te salve,
hijo,
Dios te salve...
¡Ay que nostalgia a veces, que tristeza
porque fue breve el tiempo que nos fue concedido
en aquella vida suya entre mis vibraciones...
II
Yo te sentí vivir entre mis vibraciones
cuando en la primavera de los días, se hizo nuestro el zumo
del vaso de la vida.
Aliento cálido divino. Y aquél aliento
era rocío entre las espigas.
Y fuiste en mí lo que hace a mi escencia.
El asombro de decir yo también: "Todo está consumado".
Antes alrededor el vacío y el transcurrir estéril de cada día.
Y todo lo colmaste.
Rodrigo.
Asombro.
Dádiva.
El ímpetu de Algo Nuevo sobre las tierras demasiado fertiles.
Rodrigo.
Sal.
y Luz.
yPiedra,
y grano de mostaza.
Rodrigo: Ayer pequeño mío,
hoy, vigía del siglo veintiuno.
III
Vigía de un tiempo que se acerca y guardián de una verdad,
/la tuya, te contemplo.
los labios siempre coloreados de palabras y los zapatos juguetones
/de prisa
Rodrigo, el de las manos ansiosas,
tus manos extendidas doloridas en su afán
de aprisionar al mundo, que es tuyo.
Y en nombre de esa verdad sólo te pido que no digas nunca:
"Yo no soy responsable de la sangre de este justo".
Rodrigo.
Asombro.
Dádiva.
Plenitud de cada día y esperanza segura de vida perenne a través
/de tu impulso
Rodrigo
Sal,
y Luz
y Piedra,
y grano de mostaza.
Piedra, guijarro en el sendero y cúspide en la cordillera
y también hambre y sed de justicia entre tus manos jóvenes.
Y Dios te salve,
hijo,
Dios te salve...

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